La Feria de Málaga 2026, celebrada del 15 al 22 de agosto, ha reunido este año 98 atracciones, 234 puestos de venta en el recinto del Cortijo de Torres y 118 casetas, además de 37 autorizaciones de venta ambulante en el centro histórico. Detrás de cada una de esas instalaciones, por temporales que sean, hay un trámite municipal de autorización que exige proyecto técnico, seguro de responsabilidad civil y plan de autoprotección, entre otra documentación: el mismo espíritu que exige la licencia de apertura de cualquier negocio permanente.
Según medios locales, la Feria de este año ha contado con 49 atracciones para adultos y 49 infantiles, y 234 puestos comerciales en el Real Cortijo de Torres (179 de alimentación y 55 de juegos y entretenimiento), a los que se suman 117 casetas en el recinto ferial y 1 más en el centro histórico. En el casco antiguo, además, el Área de Comercio del Ayuntamiento ha concedido 37 autorizaciones para el ejercicio de venta ambulante.
Lo que no siempre se ve es el trabajo administrativo previo. Según el trámite oficial del Ayuntamiento de Málaga, cualquier caseta necesita una «Autorización de funcionamiento», que solo pueden solicitar quienes ya cuentan con la adjudicación de la Delegación de Fiestas, y que exige aportar solicitud normalizada, DNI o CIF del adjudicatario, un Proyecto Técnico de Instalación o Certificado de Intervención, póliza de seguro de responsabilidad civil, Plan de Emergencia y Autoprotección y, en muchos casos, declaración responsable de instalaciones temporales y contrato de vigilancia de seguridad privada. El plazo de solicitud para esta edición se cerró el 1 de junio, con resolución antes del 10 de julio; si el Ayuntamiento no contesta a tiempo, el silencio administrativo juega en contra del solicitante, ya que tiene carácter desestimatorio. A todo ello se añaden las inspecciones higiénico-sanitarias coordinadas entre el Ayuntamiento, la Policía Local y la Guardia Civil durante los días de feria.
Es decir: incluso una instalación que solo va a estar en pie una semana debe cumplir con normativa de seguridad e incendios, accesibilidad, ruido y emergencias, con un proyecto técnico firmado y presentado con meses de antelación. El paralelismo con la licencia de apertura de un bar, restaurante, comercio o nave industrial es directo: no es un papeleo opcional ni algo que se pueda improvisar la semana antes de abrir, sino un proceso técnico que hay que planificar con tiempo si se quiere evitar una denegación, una sanción o, en el peor de los casos, no poder abrir en la fecha prevista.
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